Otra historia de amor… Una como tantas… Diferente?…no lo sé… las historias de amor no se comparan, tampoco se piensan o se diagraman, simplemente suceden.
Lo distinto en esta, quizás, con las más convencionales, es el lugar donde se desarrolló. O la particularidad de los integrantes de la pareja. Y para conocer el origen de esta historia, debemos trasladarnos al sur, a la Patagonia…
En un apartado rincón de la provincia de Santa Cruz, de muy difícil acceso, sobre la precordillera, se encuentra un instituto experimental para la salud mental.
Este instituto nació como una cárcel de altísima seguridad, allá por la década del ´40, pero por los raros laberintos de la política, nunca nadie que haya sido condenado por crímenes horrendos, fue a parar allí. El lugar quedó entonces abandonado hasta la década de los ´90, cuando fue comprado por un excéntrico científico europeo, que quería usarlo como laboratorio gigante para sus rarísimas experiencias con animales. Los lugareños encontraron a este hombre, en uno de los sótanos, devorado por las ratas, luego de varias semanas de no ver ningún tipo de movimiento. Después de algunos años de abandono, la provincia se hizo cargo del edificio, transformándolo en un sanatorio mental experimental, donde se somete a los internos a la terapia ocupacional y a las charlas en grupo. Nada extraño, si no fuera, porque los internos, están allí de por vida debido a los insólitos crímenes que han cometido.
En una de estas charlas, coordinadas por un psiquiatra, por supuesto, es donde se conocieron Emma y Marcos, los personajes de esta historia.
Ambos tuvieron una niñez muy desgraciada y solitaria, aferrados a todo lo que se aleje del ser humano, que tan mal trato les había dado.
Emma era una joven extremadamente delgada, tenía una importante miopía, lo que la obligaba a llevar unas antiestéticas gafas todo el tiempo. Había nacido en un pequeño rancho de ladrillos y techo de paja, dentro de una de las estancias mas grandes del sur, y desde pequeña le habían dado la tarea de cuidar las ovejas. Hasta el día en que su padre las abandonó a ella y a su madre, tuvo que soportar las vejaciones a las que éste la sometía en la soledad del cañadón.
Su madre, entonces le regaló una muñeca, para que fuera su única amiga, con la condición de nunca la sacara de la caja donde estaba.
De todos modos, un día Emma la sacó de la caja y la descuartizó con una piedra filosa.
Luego se dirigió a su casa y cuando llegó, encontró a su madre descuartizada con una piedra. Mientras la policía la llevaba, y hasta el día de hoy jura y perjura que cuando llegó, vio por la ventana, como una muñeca igual a la que ella tenía, pero del tamaño de un humano huía por el medio del campo.
Ahora, cada vez que sueña, en su habitación del instituto, la muñeca se presenta y se acerca con una piedra en la mano derecha, y ella se despierta sobresaltada y transpirando.
Marcos era un muchacho demasiado introvertido y con un carácter muy débil. Había nacido en un hogar rico, pero su padre con el afán de que fortaleciera el carácter lo había mandado a estudiar a un internado militar.
Cuando ingresó en ese instituto, le dieron a su custodia un cachorrito de ovejero alemán, éste animal fue su único amigo en los seis años que pasó en la institución. Fueron años de interminables castigos físicos y psicológicos de degradaciones y vejaciones y el cariño que su perro le daba era lo único que lo mantenía cuerdo.
Cuando terminó su ciclo en el internado, tuvo que pasar la prueba final, fue atado de pies y manos a un árbol mientras le obligaban a ver como mataban a su mascota, arrancándole el corazón del pecho con un cuchillo de montaña y le obligaron a beber su sangre, de esta forma demostraría, que ya era poseedor de un carácter fuerte.
Cuando la policía, alertada por los vecinos que escucharon gritos desgarradores, ingresó por la fuerza a su casa se encontró con un cuadro dantesco. Marcos había matado a su padre a dentelladas, le había arrancado el corazón, utilizando solamente las manos, y se estaba bebiendo su sangre.
Aquella mañana Emma no había bajado a desayunar, las enfermeras trataron de convencerla, pero ella adujo sentirse mal y le habían llevado el desayuno a su habitación. Al principio pensó en no tocarlo, pero el apetito y el olor al mate cocido con leche caliente la habían echo cambiar de opinión. Se sentó en la cama y apoyó la bandeja sobre sus piernas. Cuando se disponía a morder la primera tostada, golpearon a su puerta.
- Quien es? – preguntó enojada – pensando que las enfermeras volvían para molestarla.
- Yo, Marcos – dijo una voz entrecortada – Puedo pasar? – balbuceo.
Ella se quedó como petrificada. La tostada en la boca y la mirada perdida hacia el vacío de la habitación sin saber que contestar.
Desde que lo había visto por primera vez, había sentido una atracción especial hacia ese muchacho desgarbado y silencioso. Un sentimiento extraño, que nunca había experimentado, lo deseaba, deseaba sentir su piel, deseaba que sus temblorosas manos la acariciaran, deseaba con urgencia sentir su boca…
- Bueno, vuelvo en otro momento –dijo él
- No, pasa por favor – dijo ella con el cuerpo tembloroso y en llamas.
El abrió la puerta muy despacio y asomó su cabeza con timidez.
- Me dijeron que estabas enferma – dijo ya mas tranquilo – y quería venir a verte.
En realidad el quería estar con ella desde el primer día que la vio. No sabía muy bien que es lo que le pasaba, pero por las noches soñaba con ella, y se despertaba transpirado y erecto y a decir por las grandes manchas en las sábanas, ella le provocaba algún tipo de reacción que nunca en su vida había sentido.
El se sentó en el borde de la cama con las manos entre las piernas y la cabeza gacha. No se atrevía a mirarla.
Ella se había levantado y muy lentamente se había quitado el camisón quedando completamente desnuda.
El se quitó la remera, el pantalón y los calzoncillos sin levantarse de la cama ni levantar la mirada. Y quedó desnudo con las medias puestas, la cabeza gacha y una enorme erección.
Ella le tomó el mentón y lo obligo a levantar la cabeza.
Cuando sus miradas se cruzaron, el amor en su estado mas puro, se hizo presente en aquella habitación, que solo sabía de sufrimientos y desgracias.
El aire se hizo dulce, amable, un halo de paz bajó desde el cielo y los sonidos que llegaban desde el patio, se transformaron en música sublime para el alma.
Se hicieron el amor de la forma más dulce y tierna jamás vista y solamente guiados por el instinto, con la ternura más memorable que dos seres humanos hayan experimentado en este mundo.
Perdieron la noción de tiempo y espacio y sus sentidos se centraron y multiplicaron en sus cuerpos, sus besos, sus caricias….
Los encontraron al día siguiente, yacían en la cama una al lado del otro, ella muerta a dentelladas y con el corazón arrancado de su pecho, él mutilado con un piedra filosa…pero nunca pudieron entender porque ambos sonreían.

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